Al grito de este pueblo

(1972)

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Valoraciones

Al grito de este pueblo (1972) es valorada por la crítica profesional y los historiadores del cine político como una obra clave, urgente y profética del Tercer Cine latinoamericano. Dirigida por el cineasta boliviano Humberto Ríos (afincado en Argentina) bajo un guion coescrito con Hebe Serebrisky y Jorge Hönning, esta producción independiente argentina filmada en colores nunca tuvo un estreno comercial formal debido a la censura de la época, pero se convirtió en un documento de culto en los circuitos de resistencia cultural.

La crítica profesional inscribe este largometraje de 65 minutos dentro de la corriente del cine militante y de contrainformación que sacudió a América Latina entre finales de los 60 y principios de los 70. Los analistas elogian la valentía del equipo técnico (con fotografía de Mario Diez) por adentrarse en los centros mineros y comunidades campesinas de Bolivia. La obra captura de primera mano las asambleas, los discursos populares y la organización de las bases obreras justo en los momentos previos al violento golpe de Estado perpetrado por el dictador Hugo Banzer, contando con el respaldo geopolítico de los Estados Unidos.

El punto más destacado por los ensayistas históricos es el carácter visionario del documental. Los críticos señalan que la película no se limitó a registrar la coyuntura específica de Bolivia, sino que funcionó como un lúcido y trágico grito de alerta que advirtió críticamente el inminente advenimiento de las dictaduras cívico-militares en todo el Cono Sur latinoamericano. La cinta diagnostica con precisión cómo la represión sindical y la intervención extranjera eran la antesala del quiebre institucional que pocos años después vivirían países como Chile, Uruguay y la propia Argentina.

Desde una perspectiva formal, los teóricos del cine destacan que Ríos huye del reportaje televisivo convencional. La crítica valora cómo el filme utiliza recursos estéticos propios de las vanguardias políticas de la época, como la intervención de montajes alternos que yuxtaponen la retórica del poder con la cruda realidad del trabajo en las minas, una banda sonora y narrativa que prioriza la voz colectiva del pueblo por sobre la voz en off de un narrador omnisciente e individual o la captura de una Bolivia profunda a través de un color saturado que aporta texturas realistas y viscerales, alejándose del folclorismo pintoresco para centrarse en la dignidad combativa del trabajador.

Conclusión: la crítica define a Al grito de este pueblo como un documento histórico imprescindible y un monumento al cine entendido como una herramienta de emancipación social. A pesar de haber sido proscrita y condenada a la invisibilidad comercial durante décadas, las retrospectivas modernas la rescatan como una pieza fundamental para entender la genealogía de la violencia política y las resistencias populares en América Latina.

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