Henry, retrato de un asesino

(1986)

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Valoraciones

Henry: retrato de un asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, 1986), dirigida por John McNaughton y protagonizada de forma magistral por Michael Rooker, es aclamada de forma unánime por la crítica profesional como una obra maestra del cine de terror psicológico y una de las radiografías más perturbadoras jamás filmadas sobre la psicopatía. Rodada con un presupuesto bajísimo y en apenas 28 días, la película escandalizó a los comités de censura de la época (retrasando su estreno comercial masivo hasta 1990) debido a su crudeza, pero terminó convirtiéndose en una pieza de culto reverenciada por cineastas y críticos de todo el mundo.

La crítica coincide en que el mayor acierto —y el elemento más terrorífico— de la película es su estilo hiperrealista y casi documental. McNaughton rompió por completo con los tropos del cine de terror comercial de los años 80, poblado por asesinos sobrenaturales o caricaturescos como Freddy Krueger o Jason Voorhees.

Los críticos alaban cómo la cinta retrata los crímenes de Henry de una forma dolorosamente cotidiana. Matar se muestra al mismo nivel de cotidianidad que ver la televisión o cenar. La cámara adopta una postura de observador impasible. La película se niega a moralizar, a dar explicaciones psicológicas simplistas de los traumas de Henry o a ofrecer al espectador un final de justicia reconfortante, lo que genera una profunda incomodidad.

El debut actoral de Michael Rooker como Henry es calificado por los expertos como una fuerza de la naturaleza cinematográfica. Rooker logra dotar al asesino de una quietud magnética, una presencia física imponente y una mirada vacía que resulta escalofriante. Logra el milagro actoral de hacer que el espectador sienta una retorcida empatía por Henry en ciertos momentos de vulnerabilidad, solo para recordarnos de golpe la monstruosidad de sus actos. El contrapunto que ofrece Tom Towles como Otis —un psicópata mucho más vulgar, sádico y descontrolado— es también muy elogiado, ya que sirve para contrastar la fría metodología de Henry frente a la mezquindad caótica de su compañero.

Los analistas de cine dedican ensayos enteros a la famosa y revulsiva secuencia del asalto a la casa familiar, la cual se nos revela que está siendo vista a través del televisor por los propios Henry y Otis en una cinta de vídeo rebobinada. La crítica especializada destaca este momento como una brillante genialidad meta-narrativa: McNaughton convierte al espectador en un voyeur cómplice, obligándolo a darse cuenta de su propio consumo de la violencia como mero entretenimiento. Aunque inicialmente fue calificada con la temida etiqueta «X» (para adultos) por la MPAA debido a su tono sombrío e implacable —lo que casi sepulta su distribución—, defensores de peso como los célebres críticos Roger Ebert y Gene Siskel lucharon activamente por ella, encumbrándola en los festivales.

Conclusión: hoy en día, publicaciones como Rolling Stone o Empire la sitúan de forma consistente en las listas de las mejores películas de terror de la historia, destacando que es un filme que no busca asustar con trucos baratos, sino dejar una cicatriz psicológica duradera en el espectador.

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