La guita

(1970)

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Valoraciones

La guita (1970), dirigida por Fernando Ayala y producida por la mítica firma Aries Cinematográfica, es valorada por la crítica profesional como una ácida y agridulce comedia de humor negro que funciona como una radiografía sociológica de la obsesión por el dinero en la Argentina de principios de los años 70. Escrita por Ricardo Talesnik y Jorge García Alonso —buscando reeditar el descomunal éxito previo de La fiaca (1969)—, la crítica destaca su efectividad formal como película de episodios que desmitifica el «milagro del consumo» y el confort burgués.

La crítica especializada pondera el formato antológico de la película, dividido en cinco episodios (La Luca, El niño cantor, El contador heroico, La jubilación y $450.000). Los analistas señalan que, lejos de ser meros sketches inconexos, las historias tejen un hilo conductor sumamente coherente: la humillación, el ridículo y el absurdo moral a los que se somete el ciudadano común en su desesperado intento por subsistir o ascender económicamente. El tono transita hábilmente de la farsa picaresca a la tragedia seca.

El trabajo actoral de Norman Briski es unánimemente calificado por la crítica como el motor absoluto de la función. Al asumir el protagonismo de las diferentes facetas del hombre alienado por la plata (desde el playboy venido a menos hasta el oficinista asfixiado), Briski despliega una versatilidad física y dramática descomunal. La prensa especializada destaca el patetismo y el carisma que inyecta a sus personajes, permitiendo que el espectador empatice con seres mezquinos y desesperados. El elenco de soporte, que incluye a figuras de la talla de Luis Brandoni, Eddie Pequenino y Emilio Vidal, es elogiado por aportar un contrapeso costumbrista perfecto.

Historiadores de cine remarcan el valor del filme al haber sido rodado durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. La crítica profesional subraya que la ironía de Ayala y el texto de Talesnik lograron sortear astutamente los filtros de censura de la época. A través de la risa incómoda, la película expone temas tabú para el régimen: la desocupación implícita, la precariedad de los jubilados, el arribismo sin escrúpulos de las clases acomodadas y las grietas insalvables del sistema capitalista urbano rioplatense.

Conclusión: la crítica define a La guita como una pieza fundamental del cine de sátira social argentino. Aunque a nivel puramente estético se apoya en una realización funcional y de corte televisivo propia del sello Aries de esos años, su vigencia discursiva, su negrura conceptual y sus memorables actuaciones la convierten en un testimonio histórico lúcido y sumamente entretenido sobre las miserias de la condición humana frente al vil metal.

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