Frankenweenie

(2012)

Conectado a Mirror 1 – SD 488 Mb

Mirror 1 – SD 488 Mb
Mirror 2 – SD 488 Mb


Valoraciones

Frankenweenie (2012), dirigida por Tim Burton y producida por Walt Disney Pictures, es un deslumbrante largometraje de animación en stop-motion y una de las obras más íntimas, autorreferenciales y puras de toda la filmografía de su director. Concebida como una expansión en blanco y negro del cortometraje de acción real que el propio Burton dirigió en 1984 (y que le costó su despido de Disney en aquella época), la película se alza como una carta de amor gótica al cine de monstruos clásico de la Universal y de la Hammer, a la vez que ofrece una conmovedora reflexión sobre el duelo infantil y los límites del amor fraternal.

La crítica profesional sitúa a Frankenweenie como el trabajo de animación más maduro de Burton, superando en cohesión interna a La novia cadáver y compitiendo en minuciosidad artesanal con Pesadilla antes de Navidad. Es el Burton más desatado, libre de las ataduras comerciales de los blockbusters de acción real y refugiado en su hábitat natural: el suburbio oscuro y la periferia habitada por inadaptados.

La trama nos sitúa en el gris y simétrico suburbio de New Holland, donde el solitario e inteligente niño Victor Frankenstein vive volcado en sus inventos científicos y en la realización de películas caseras, teniendo como único y fiel aliado a su perro Sparky. Tras la trágica muerte del animal en un accidente de tráfico, e inspirado por las magnéticas lecciones de física de su excéntrico profesor Rzykruski (un fascinante trasunto de Martin Landau), Victor decide desafiar las leyes de la naturaleza y reanimar a Sparky mediante el poder de una tormenta eléctrica.

A nivel temático, el guion de John August esquiva con maestría la cursilería habitual del cine familiar para abordar de frente y sin tapujos la muerte y la aceptación de la pérdida. El Sparky resucitado no es un monstruo terrorífico, sino un perro remendado que sigue buscando amor, lo que invierte brillantemente el mito de Mary Shelley: aquí el motor de la creación no es la soberbia científica, sino el dolor puro y absoluto provocado por la ausencia de un amigo.

La fotografía de Peter Sorg y el diseño de producción son monumentales. Rodar en stop-motion directamente pensando en una escala de grises y texturas góticas dota a la película de una riqueza visual sin parangón en la animación moderna. Cada sombra, cada rayo y cada costura de las marionetas están diseñados para evocar el expresionismo alemán y los clásicos cinematográficos de los años 30.

Para el espectador veterano, la película es una mina de oro de referencias. Desde el diseño de los niños del colegio —que homenajean explícitamente a Boris Karloff, Peter Lorre o Elsa Lanchester (La novia de Frankenstein)— hasta las transformaciones del tramo final, que invocan desde las películas de Kaijus como Gamera hasta los clásicos mutantes de la serie B de los 50.

El personaje del profesor de ciencias ofrece uno de los mejores discursos de la película, criticando la ignorancia de un pueblo que teme a la ciencia simplemente porque no la entiende. Es una afilada pulla del propio Burton hacia el conservadurismo social.

El eterno colaborador de Burton firma aquí una de sus composiciones más contenidas y góticas de su etapa tardía, abandonando la estridencia y abrazando la melancolía y el suspense clásico mediante el uso dramático de las cuerdas y los coros sutiles.

La gran mayoría de los analistas coinciden en que la película peca de un clímax excesivamente ruidoso. Cuando los compañeros de clase de Victor roban su fórmula para resucitar a sus propias mascotas, la cinta abandona la intimidad y la poesía del duelo para convertirse en una película de monstruos caótica y predecible. La sutileza se sacrifica en pos del espectáculo pirotécnico y de acción de manual de Hollywood.

El desenlace de la película suaviza en exceso las aristas trágicas de la historia original. Aunque el viaje de Victor es maduro, el destino final de Sparky se siente condicionado por las exigencias de un estudio que busca un final feliz forzoso, restándole algo de impacto emocional al potente mensaje sobre «dejar ir» que se venía construyendo.

Conclusión: Frankenweenie (2012) es un triunfo artístico incontestable y la última gran obra maestra gótica de Tim Burton. Es un largometraje que funciona como un espejo de la propia infancia del director, un exorcismo de sus fantasías de niño inadaptado criado a base de cómics, películas de terror y la pérdida de sus primeras mascotas. Pese a que su tramo final sucumba a las dinámicas más ruidosas de las superproducciones de animación, el núcleo de la película permanece intacto, tierno y desgarrador. Una obra bellísima, repleta de imperfecciones entrañables que, al igual que el propio Sparky, está cosida con pedazos de nostalgia, pero rebosa un corazón enorme que late con fuerza autónoma.

Choose your Reaction!
Deja un comentario

Tu email no será publicado.

Esta web no utiliza cookies ni aplicaciones de terceros, no recopila ningún dato personal y no contiene publicidad de ningún tipo. Más información: términos del servicio.