Las tres ratas

(1946)

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Valoraciones

Las tres ratas (1946), dirigida por Carlos Schlieper, es unánimemente considerada por la crítica profesional e historiadores del cine nacional como uno de los melodramas psicológicos y policiales más audaces, maduros y memorables de la época de oro del cine argentino. Producida por los prestigiosos estudios San Miguel y basada en la exitosa novela homónima del escritor ecuatoriano Alfredo Pareja Diezcanseco, la película es elogiada por los analistas por esquivar el moralismo pacato de su tiempo y ofrecer un crudo retrato sobre la supervivencia social y la decadencia de clase.

El pilar fundamental más aplaudido por la crítica histórica es el descomunal despliegue de sus tres actrices protagonistas, quienes representaban a las máximas divas de la industria en roles que desafiaban los arquetipos femeninos tradicionales. Mecha Ortiz (Carmela): Los críticos califican su actuación de antológica. Como la hermana mayor que arrastra el peso del orgullo familiar y toma las decisiones más desesperadas, Ortiz despliega su habitual sofisticación aristocrática combinada con una frialdad y amargura dramáticas desgarradoras. Amelia Bence (Elena): Aporta la vibrante tensión y la ambivalencia moral de la historia. Su personaje transita una sutil línea entre la ambición, la culpa y el deseo, manteniendo un duelo actoral electrizante con Ortiz. • María Duval (Ana): En el papel de la hermana menor e inocente, la crítica celebra cómo Duval subvierte su clásica imagen de «joven angelical» del cine romántico para mimetizarse gradualmente en la atmósfera turbia y asfixiante que rodea a su familia.

Aunque Schlieper es mayormente recordado por sus brillantes y sofisticadas comedias de enredos de los años 40 y 50, la crítica profesional destaca a Las tres ratas como la prueba definitiva de su extraordinaria versatilidad formal. El director huye del melodrama lacrimógeno convencional e imprime un ritmo seco, dinámico y con fuertes códigos visuales emparentados con el cine negro de Hollywood. Apoyándose en la impecable fotografía en claroscuro de Francis Boeniger, Schlieper utiliza las sombras y los encuadres opresivos para reflejar la degradación psicológica de las hermanas tras quedar huérfanas en una Buenos Aires hostil.

Los ensayistas del cine clásico valoran enormemente el guion adaptado por el propio Schlieper junto a Jorge Jantus. La crítica destaca que, a diferencia de otras producciones de la época que castigaban severamente la transgresión de las mujeres, el filme adopta una postura empática y desprovista de juicios de valor moralistas rígidos. La película expone con lucidez que los actos delictivos de las hermanas no nacen de la maldad intrínseca, sino del desespero, la hipocresía de la alta sociedad que les da la espalda tras perder su fortuna y las limitadas opciones de autonomía económica que tenían las mujeres en la sociedad de la época.

Conclusión: la crítica define a Las tres ratas como un hito cinematográfico imprescindible que demuestra la altísima madurez industrial y artística a la que llegaron los estudios argentinos en la década del 40. Es valorada hoy en día como una obra moderna, valiente y psicológicamente perturbadora que conserva intacta su fuerza narrativa.

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