Los pecados de una chica casi decente

(1975)

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Valoraciones

La crítica profesional considera a Los pecados de una chica casi decente (1975) como una de las comedias más singulares, contenidas y «más o menos defendibles» dentro de la prolífica e irregular filmografía del director Mariano Ozores. A diferencia del estilo habitual del realizador, la prensa cinematográfica —a través de análisis retrospectivos en cabeceras como El Mundo o portales como Decine21— destaca que la cinta se apoya en un texto teatral previo de Pedro Mario Herrero, lo que le otorga una estructura de enredo superior a la media de sus producciones.

El mayor elogio de la crítica va dirigido de forma unánime a la química interpretativa entre Lina Morgan y Alfredo Landa. Los expertos coinciden en que su innegable talento para la comedia física y el diálogo rápido sostiene la película, convirtiéndola en un vehículo de lucimiento perfecto para ambos.

Se valora positivamente que la trama (la muerte accidental de un carabiniero por exceso de actividad sexual en el dormitorio y los intentos por ocultar el cadáver ante la llegada del Obispo) se adentre en el humor negro de enredo. Los críticos señalan que la película logra mantener un ritmo narrativo ágil, festivo y sin los altibajos groseros de otras comedias de la época.

Los analistas de cine de la Transición destacan dos rarezas que juegan a favor del film: la acertada ambientación en un pueblo del sur de Italia (aunque rodada en El Molar, Madrid) y la sorprendente ausencia de Antonio Ozores en el reparto, lo que obligó a equilibrar la comedia coral de otra manera.

Críticos contemporáneos apuntan que el argumento es absurdo a más no poder. Para los sectores más exigentes de la crítica, las situaciones que pretenden hacer reír pueden llegar a resultar cansinas debido a la acumulación de diálogos en bucle y equívocos excesivamente forzados. En los agregadores cinematográficos como IMDb (donde mantiene una nota discreta de 5,2/10), se la encuadra estrictamente como un producto industrial de evasión. Los expertos recuerdan que pertenece a un cine puramente comercial, hecho a contrarreloj para llenar las salas de la época y sin pretensión alguna de trascendencia formal.

Los expertos concluyen que, dentro del subgénero de la comedia de consumo de los años 70, la película destaca positivamente gracias a su herencia teatral. No es una obra maestra de la sátira, pero la crítica la rescata del olvido catalogándola como una comedia de enredos digna, directa, divertida y un gran testimonio del potencial humorístico de Lina Morgan y Alfredo Landa.

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