La dinamita está servida

(1968)

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Valoraciones

La crítica profesional y retrospectiva define a La dinamita está servida (1968) —comedia tardofranquista dirigida por Fernando Merino y coescrita por José Luis Dibildos— como una sátira disparatada que transita entre la parodia de espías, el humor absurdo y el estilo frenético del «cartoon». Aunque pertenece a las producciones comerciales de la época, los analistas destacan que contó con mayor presupuesto de lo habitual, lo que permitió un gran despliegue en la Costa Brava y un reparto coral de primer nivel.

La crítica especializada valora su tramo final como un auténtico «festival de carreras, peleas y explosiones» ejecutado con una velocidad envidiable. Su estructura de enredos constantes remite directamente a las persecuciones clásicas del cine cómico mudo.

Las interpretaciones del trío protagonista son el núcleo de los elogios. Los críticos ensalzan los diálogos ocurrentes y delirantes entre Tony Leblanc y un hilarante Alfredo Landa (especialmente en las escenas que parodian la psicodelia hippie de finales de los sesenta), además del carisma y elegancia de Laura Valenzuela, cuyo papel se describe como hecho totalmente a su medida. Los analistas de plataformas de cine clásico alaban el trabajo de veteranos de la comedia española como Manolo Gómez Bur y un casi irreconocible Rafael Alonso en el papel del excéntrico e incógnito Rey de Chaila.

Algunos críticos e historiadores cinematográficos señalan que, si bien la película juega con temas políticos (atentados, revolucionarios y diplomacia), su lectura ácida y satírica termina diluyéndose. Esto se atribuye a las limitaciones de la censura de la época y a la necesidad de obtener una calificación para todos los públicos que garantizara el éxito en taquilla.

Ciertas reseñas contemporáneas argumentan que algunas secuencias de enredos secundarios —como la del tiro al oso— se extienden en exceso sin aportar demasiado a la trama principal, cayendo puntualmente en la sobreactuación.

Los portales de cine coinciden en que no es una obra maestra de la comedia de autor al nivel de Berlanga, pero tampoco es en absoluto una propuesta despreciable. Se la clasifica dentro del fenómeno de la «Tercera Vía» del cine español, un intento inteligente de hacer un cine comercial digno, bien producido y con un guion con más dobles lecturas de las que aparentaba a simple vista.

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