Otra vuelta de tuerca

(1985)

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Valoraciones

La crítica profesional considera la película Otra vuelta de tuerca (1985), dirigida por el polémico cineasta Eloy de la Iglesia, como una de las adaptaciones más libres, atrevidas y singulares del clásico literario de Henry James. De la Iglesia sorprendió a la prensa especializada al cambiar radicalmente de registro para adentrarse en el cine de época y el terror gótico, aportando su propia carga ideológica y obsesiones autorales.

La gran novedad de la película consiste en sustituir a la clásica institutriz reprimida de la novela por Roberto (Pedro Mari Sánchez), un joven exseminarista jesuita de origen humilde. La crítica destaca que este cambio permite explorar los demonios internos del protagonista desde una vertiente de conflicto moral y represión sexual de raíz católica.

En lugar de la campiña inglesa victoriana, la acción se traslada a los brumosos e imponentes paisajes del País Vasco (en la mansión del ficticio Conde de Etxeberría). Los especialistas valoran muy positivamente cómo la atmósfera húmeda, verde y misteriosa del norte de España sustituye a la perfección el ambiente opresivo de la obra original.

La prensa cinematográfica destaca una cuidadísima dirección artística y una gran contención en la puesta en escena. El uso de una fotografía diáfana y una narrativa ortodoxa se interpretaron como el deseo del director de demostrar que era perfectamente capaz de rodar cine académico con la elegancia de los grandes virtuosos clásicos.

Lejos de los sustos fáciles, las reseñas valoran que las aristas de lo fantástico y sobrenatural se manifiesten mediante escenografías enormemente sugerentes y sutiles, utilizándose los espectros de la mansión como proyecciones de los propios traumas psicológicos del protagonista.

En su estreno original, la cinta fue considerada un fracaso económico. Parte de la crítica de la época señaló que el público habitual de Eloy de la Iglesia se sintió desconcertado ante una obra tan pulcra y literaria, mientras que los amantes del terror purista la encontraron a ratos demasiado pausada o carente del ritmo comercial de otros thrillers de los años 80. Algunos analistas contemporáneos extrañaron la habitual «mordacidad callejera» del realizador, viendo el largometraje como un ejercicio de estilo impecable pero algo encorsetado en comparación con la fuerza bruta de sus anteriores trabajos.

A día de hoy, las revisiones profesionales modernas (especialmente tras sus recientes remasterizaciones en formato físico) han reivindicado la película como una obra de culto indispensable. Se la define como un valiente y audaz viaje interior que utiliza el terror clásico para hablar de la culpa, el deseo reprimido y las estructuras de clase de la España de la época.

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