Peppermint Frappé

(1967)

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Valoraciones

Peppermint Frappé (1967), dirigida por Carlos Saura, escrita junto a Rafael Azcona y Angelino Fons, y producida por Elías Querejeta, es considerada de forma unánime por la crítica profesional como una obra maestra fundamental del cine de la modernidad en España y el filme definitivo que consolidó la estética del llamado Nuevo Cine Español. Galardonada con el Oso de Plata al Mejor Director en el Festival de Berlín, la película supuso además el inicio de la célebre colaboración artística y sentimental entre Saura y la actriz estadounidense Geraldine Chaplin.

Los analistas culturales coinciden en que la película funciona como una brillante y afilada alegoría política y psicológica de la España de los años 60. La trama confronta a Julián (un soberbio José Luis López Vázquez), un médico radiólogo provinciano, católico, reprimido, solitario y obsesivo, con su amigo de la infancia Pablo (Alfredo Mayo), que regresa transformado del extranjero con un estilo de vida moderno, cosmopolita y libre. Los críticos ensalzan cómo Saura retrata las neurosis de la mentalidad burguesa de la época.

El trabajo de Geraldine Chaplin es unánimemente calificado por los expertos como una revelación estética deslumbrante. Chaplin asume un complejo juego de espejos interpretando un doble papel. La crítica alaba la sutil plasticidad con la que la actriz maneja ambos registros, convirtiéndose desde este momento en la musa indiscutible del universo cinematográfico de Saura.

Hasta el estreno de Peppermint Frappé, José Luis López Vázquez era encasillado principalmente en el terreno de la comedia costumbrista. Los críticos de la época y los historiadores actuales aplauden este filme como el punto de inflexión definitivo que reveló su inmenso talento para el drama psicológico más turbio. Su interpretación de Julián captura a la perfección la inquietante transición de un hombre aparentemente educado y patético hacia una psicopatía obsesiva y fría, sin perder credibilidad en ningún momento.

Técnicamente, el filme destaca por su audacia formal. Los críticos elogian la atmósfera opresiva conseguida a través de la excelente fotografía de Luis Cuadrado y una narrativa fragmentaria que desdibuja los límites entre el delirio mental del protagonista y la realidad objetiva. A nivel sonoro, los analistas destacan el brillante contraste musical, diseñado para potenciar el choque conceptual de la obra: se confronta el misticismo atávico de los tambores de Calanda o «El Misterio de Elche» (la tradición sacra e inamovible) frente al dinamismo de la música pop contemporánea anglosajona, que representa la apertura a la modernidad exterior.

Conclusión: la crítica profesional define a Peppermint Frappé como un thriller psicológico de una precisión quirúrgica y una carga metafórica incalculable. Es una obra que dialoga directamente con el cine de vanguardia de su época (como el de Luis Buñuel o Michelangelo Antonioni), logrando burlar la estricta censura de su tiempo para firmar una de las críticas más demoledoras hechas en celuloide contra el puritanismo, el machismo y la hipocresía de la sociedad española de posguerra.

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