El terrible toreador

(1929)

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Valoraciones

Para la crítica profesional, El terrible toreador es un valioso documento de la evolución de la animación de finales de los años 20. Aunque no posee el refinamiento técnico ni el ingenio visual de las obras posteriores de Disney, destaca por su libertad creativa, su humor irreverente anterior a la censura estricta de Hollywood y su atrevimiento al fusionar la música clásica con la comedia física más pura.

Estrenado en septiembre de 1929, este cortometraje es la segunda entrega de la célebre serie Silly Symphonies, posicionándose inmediatamente después del clásico The Skeleton Dance (El baile de los esqueletos). Históricamente, sirve como un puente experimental para el estudio de Disney. Mientras que la primera entrega se enfocó puramente en la sincronización musical de una atmósfera gótica, El terrible toreador intenta integrar una narrativa tradicional dentro del formato musical.

La mayor parte de las reseñas profesionales coinciden en que el cortometraje sufre al ser comparado con The Skeleton Dance. Los expertos señalan que carece de esa atmósfera icónica y espectacularidad en la animación que consagró al primer corto, quedando relegado a menudo como una obra menor o menos recordada dentro del catálogo inicial de Disney.

Portales de revisión histórica y comunidades cinematográficas como IMDb y Letterboxd recalcan el tono extrañamente violento y surrealista de su desenlace. La interacción inicial entre el torero y el toro incluye juegos infantiles inocentes (como jugar a las palmas o patty cake), pero evoluciona hacia un clímax calificado hoy en día como «espantoso» o «genuinamente horroroso» por los espectadores contemporáneos, debido a la crudeza de los gags de la época Pre-Code (como desollar metafóricamente o sacarle las entrañas al toro de forma caricaturesca).

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