Una cabrita sin cuernos

(2018)

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Valoraciones

Una cabrita sin cuernos (2018) es un cortometraje de ficción argentino dirigido por Sebastián Dietsch que formó parte de la prestigiosa selección oficial Historias Breves 16, impulsada por el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales).Basado en un hecho real absurdamente verídico ocurrido en 1978, el cortometraje sitúa su trama durante la última dictadura militar argentina. La historia se dispara cuando las autoridades de un pequeño pueblo confiscan un libro infantil a una niña de 7 años. Al descubrir que el autor y la editorial provienen de la Unión Soviética, el comisario local despliega una minuciosa e hilarante investigación policial para averiguar quién introdujo esa «propaganda comunista» en la escuela.

La recepción de la crítica profesional en festivales nacionales e internacionales (como el Festival de Huesca o el Festival Piriápolis de Película) destaca de forma unánime la audacia del director al abordar una época tan oscura y dolorosa a través de la comedia negra y la ironía. En el veredicto del jurado profesional del festival uruguayo Piriápolis de Película —donde se alzó con el premio a Mejor Corto Internacional—, los críticos Fernando Brenner y Federico Veiroj destacaron de manera explícita su capacidad de «contar de manera inteligente una situación grotesca, con cierto humor e ironía, sobre violentos y dramáticos hechos del pasado».

Uno de los puntos analíticos más interesantes de las reseñas cinematográficas (así como en el estudio de la estructura del guion en revistas como 24 Cuadros) es el cambio de enfoque. En lugar de poner el foco principal en la victimización de la niña o de su familia, Dietsch toma la decisión de narrar desde la perspectiva de «los malos» (el comisario y sus subordinados). Al retratar su rigidez mental, sus miedos paranoicos y su severidad institucional ante un tierno cuento infantil, la película subraya lo ridículo del aparato censor de la época.

Los profesionales del análisis cultural valoran el cortometraje como una metáfora perfecta de la ignorancia burocrática del régimen militar de finales de los años 70. La «peligrosidad» adjudicada a un libro inocente simplemente por su procedencia geográfica desnuda el sinsentido ideológico del control cultural. La crítica destaca que el guion equilibra muy bien la risa con la incomodidad: hace reír por el absurdo de la situación, pero sin que el espectador olvide el trasfondo de peligro real que implicaba estar bajo una dictadura militar.

A pesar de contar con apenas 14 minutos de duración, las reseñas técnicas elogian la sólida reconstrucción de época a nivel de dirección de arte y fotografía (a cargo de Massimo Ruggieri). Asimismo, las interpretaciones del elenco —encabezado por Gabriel Fernández (como el comisario), junto a Mario Alarcón y Javier Schonholz— reciben críticas muy positivas por saber sostener el tono sobrio, serio y seco que requiere el humor seco (deadpan) para funcionar eficazmente sin caer en la caricatura burda.

Conclusión: una cabrita sin cuernos es un ejercicio de memoria histórica sumamente astuto y refrescante. Logra alejarse del tono solemne tradicional del cine de época argentino para criticar con fiereza, ingenio e inteligencia la paranoia fascista de la dictadura a través de la lente del absurdo cotidiano.

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