Noche

Sinfonías Tontas 12 (1930)

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Valoraciones

A nivel de crítica profesional e historia de la animación, Night (1930) —dirigida por Walt Disney y con animación clave del legendario Ub Iwerks antes de su salida definitiva del estudio— es considerada una de las Silly Symphonies más puras en su concepto original. Los expertos la definen como una «pieza de atmósfera» (mood piece), diseñada específicamente para evocar sensaciones nocturnas a través de la simbiosis perfecta entre música clásica y dibujos animados.

A diferencia de otros cortometrajes contemporáneos de 1930 que se sentían planos, los críticos elogian unánimemente el trabajo de fondos y la iluminación de Night. La escena de apertura, que muestra la luna llena y su reflejo ondulante sobre el agua de un estanque, es calificada por los expertos como técnicamente hermosa y adelantada a su tiempo. Es considerada el antecedente directo de los icónicos efectos de agua hiperrealistas que Disney perfeccionaría años más tarde en Water Babies (1935) y The Old Mill (1937).

Los animadores lograron crear una atmósfera mágica jugando con el brillo de las luciérnagas, polillas volando alrededor de una vela y el misticismo de la oscuridad, haciendo olvidar por momentos que se trata de un metraje en blanco y negro. En los cines de la época, la película se tiñó artificialmente de azul mediante baños de tinta para acentuar el efecto de la noche.

La crítica musical destaca la excelente partitura de Bert Lewis, quien incorporó de manera magistral piezas clásicas como la Sonata para piano n.º 14 (Claro de luna) de Beethoven y fragmentos de Strauss. Los analistas subrayan lo bien integrado que está el ritmo melódico con las físicas del movimiento de los insectos y los anfibios, un ejemplo temprano del uso sofisticado del sonido sincronizado tras las disputas legales que el estudio enfrentó ese año con sus distribuidores.

A pesar de su belleza plástica, la crítica moderna le otorga puntuaciones moderadas (alrededor de un 5/10 en revisiones de catálogos históricos) debido a sus limitaciones narrativas. Como era habitual en los inicios de las Silly Symphonies, el corto carece de una historia central. Es simplemente una sucesión de rutinas de baile de búhos, polillas, mosquitos y ranas. El cortometraje está enmarcado por dos historias de cortejo animal (unos búhos al principio y unas ranas sobre hojas de loto al final). Algunos críticos consideran que el segmento final de las ranas cantando a coro se alarga demasiado y recurre a los clichés cómicos de la animación rubber-hose de la época.

Conclusión de los expertos: Es una de las mejores sinfonías tontas en blanco y negro de la factoría. Aunque no es el cortometraje más dinámico de Disney, es una joya artística imprescindible para entender la evolución de los efectos visuales del estudio.

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