El toque de oro

(1935)

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Valoraciones

«The Golden Touch» (El toque de oro), estrenada el 22 de marzo de 1935 como el cortometraje número 50 de la aclamada serie Silly Symphony de Disney, ocupa un lugar sumamente peculiar y legendario en la historia del cine de animación. A diferencia de otros grandes éxitos de la serie (como Los tres cerditos o El viejo molino), la crítica profesional, tanto de la época como de historiadores modernos, coincide en que este corto es uno de los mayores tropiezos artísticos del estudio. Su relevancia principal radica en un factor histórico: fue el último cortometraje animado dirigido personalmente por Walt Disney.

El regreso fallido de Walt Disney a la dirección: Para 1935, Walt Disney ya delegaba la dirección de sus cortos en animadores con más talento técnico para el ritmo visual, concentrándose él en labores de producción y desarrollo de historias. Sin embargo, insatisfecho con el rumbo de ciertos proyectos o motivado por demostrar que aún poseía el toque, decidió asumir la dirección de esta adaptación medieval del mito del Rey Midas. Críticos cinematográficos e historiadores de animación, como los colaboradores de Cartoon Research o autores en foros especializados de cine como Letterboxd, destacan que el resultado evidenció que Walt se había quedado atrás respecto al gran avance que sus propios directores de plantilla habían logrado en cuanto a sincronización cómica y narrativa visual.

Críticos modernos señalan que la película desperdicia valiosas oportunidades para el humor físico característico de Disney. Las pocas ideas divertidas se atribuyen al ingenio de los animadores que intentaban inyectarle vitalidad a un guion rígido. A diferencia de la frescura de otras fábulas musicales de la saga, esta se siente alargada y «rellenada» innecesariamente para sus diez minutos de duración. La historia resulta plana y carece de subtramas o sorpresas.

La crítica más severa y definitiva de este filme provino del propio Walt Disney. El cortometraje fue un fracaso de público y crítica en su estreno, siendo considerado por él mismo como un «tremendo fiasco». Disney quedó tan insatisfecho y humillado por el resultado que prohibió tajantemente a los empleados de su estudio volver a mencionar el cortometraje en su presencia. Esta dura lección aceleró su decisión de abandonar la silla de director para siempre y enfocarse exclusivamente en la producción y supervisión global, un rol que a la postre salvó al estudio y allanó el camino directo hacia la creación de Blancanieves y los siete enanitos en 1937.

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