El viejo molino

Sinfonías Tontas 68 (1937)

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Valoraciones

El viejo molino (The Old Mill, 1937), dirigido por Wilfred Jackson y Graham Heid, con partitura musical de Leigh Harline, es el cortometraje número 68 de la serie Silly Symphonies. Ganador del Premio Óscar en 1938, la crítica profesional e histórica lo considera unánimemente la obra maestra absoluta y el cenit artístico de la serie.

La revolucionaria cámara multiplano es el logro histórico más ensalzado por los expertos. Diseñada por el ingeniero William Garity, se utilizó aquí por primera vez como banco de pruebas definitivo antes de encarar Blancanieves y los siete enanitos. Los críticos de plataformas como Letterboxd celebran cómo las capas separadas de acetato fotografiadas a diferentes distancias otorgaron una profundidad tridimensional, texturas y un sentido del paralelaje que cambiaron las reglas del dibujo animado para siempre.

Portales de análisis cinematográfico como Simbasible destacan la atmósfera marcadamente pictórica del corto. Apoyándose en el impecable arte conceptual del ilustrador danés Gustaf Tenggren, el cortometraje despliega efectos especiales hiperrealistas nunca antes vistos en la animación: el rocío en una telaraña, la refracción de los rayos de sol, el movimiento del agua estancada y el comportamiento orgánico de las criaturas.

Diversas reseñas profesionales recogidas en FilmAffinity España destacan las palabras del crítico Pablo González Taboada (Cinemanía), quien resalta que El viejo molino fue capaz de demostrar al mundo entero que la animación podía dejar de ser un pasatiempo infantil para alzarse como un medio de expresión artístico solemne, adulto y trascendental. De hecho, cineastas de la talla de Hayao Miyazaki lo han citado públicamente como el mejor cortometraje de la historia de Disney.

Historiadores en Cartoon Research alaban el tramo central de la tormenta nocturna. El ingenio sonoro (Foley) y musical, sumado a gags dramáticos de alta tensión —como el engranaje del molino girando de forma violenta y amenazando con aplastar el nido de una madre pájaro—, generan un suspense sobrecogedor que se sostiene de forma magistral prescindiendo de cualquier tipo de diálogo.

Ciertos críticos contemporáneos apuntan de manera sutil que la resolución cíclica del corto peca de un optimismo idílico muy propio del sello Disney clásico. El hecho de que la destructiva tormenta amaine dejando a todos los animales a salvo y listos para reiniciar su rutina matinal le resta cierta crudeza realista a la violencia ambiental que el propio corto construye durante su clímax.

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