Wynken, Blynken y Nod

Sinfonías Tontas 70 (1938)

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Valoraciones

Wynken, Blynken y Nod (Wynken, Blynken & Nod, 1938), dirigido por Graham Heid, es el cortometraje número 70 de la aclamada colección Silly Symphonies. Basado fielmente en el célebre poema infantil de 1889 de Eugene Field (originalmente titulado Dutch Lullaby), este corto narra el viaje onírico de tres bebés que navegan por el cielo nocturno dentro de un zueco de madera para pescar estrellas. Estrenada tras el rotundo éxito de Blancanieves y los siete enanitos, los historiadores y críticos profesionales analizan esta obra como uno de los pináculos estéticos del estudio y el cierre de una era.

Críticos de portales especializados como Simbasible coinciden en que, a nivel técnico, es un cortometraje deslumbrante. Tras estrenar la cámara multiplano en El viejo molino (1937), este corto la utilizó para dar una profundidad tridimensional y una fluidez inéditas al firmamento galáctico, las nubes flotantes y el océano de estrellas.

En las reseñas cinematográficas recopiladas en la base de datos IMDb, la banda sonora incidental —que complementa el poema cantado por una soprano al inicio— es profundamente alabada. Los críticos ensalzan su aire de romanticismo clásico capaz de sumergir por completo a la audiencia en un tono acogedor, tierno y relajante.

El cierre de la obra es unánimemente considerado perfecto por la crítica cinematográfica. La revelación de que el zueco de madera es en realidad la cuna de un niño dormido, y que Wynken y Blynken representan sus propios ojos parpadeantes mientras Nod es su cabeza cabeceando de sueño, dota al corto de una poética universal y una calidez nostálgica sobresalientes.

Historiadores de la animación (detallados en plataformas como Wikipedia) destacan el inmenso valor fundacional de los tres bebés. El diseño anatómico y las expresiones de los pequeños sirvieron como el boceto directo sobre el cual, años más tarde, Disney modelaría a los niños perdidos y, de manera idéntica, al personaje de Miguel (Michael Darling) en el largometraje Peter Pan (1953).

Críticos retrospectivos, como los del portal especializado Dr. Grob’s Animation Review, puntualizan que la historia es sumamente ligera, careciendo de un verdadero conflicto o motor dramático. La primera mitad del cortometraje, donde los niños simplemente pescan estrellas usando bastones de caramelo, puede llegar a percibirse lenta, monótona y excesivamente estirada para sus casi ocho minutos de duración.

Algunos analistas de la era dorada apuntan que este corto representa el punto máximo (y el final) de una tendencia en el estudio de Disney obsesionada con un material infantil de tono extremadamente azucarado, tierno y complaciente. El exceso de inocencia en los gags (como el bebé «Nod», que actúa con la torpeza infantil de Mudito/Dopey) limita su atractivo narrativo fuera del público infantil más joven o del coleccionismo técnico.

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