Los tres cerditos

Sinfonías Tontas 36 (1933)

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Valoraciones

Los tres cerditos (Three Little Pigs, 1933), dirigido por Burt Gillett y con música de Frank Churchill, es indiscutiblemente el cortometraje más famoso, influyente y galardonado de toda la serie Silly Symphonies (ganador del Premio Óscar en 1934). Más allá de su arrollador éxito comercial en su época, la crítica profesional y los historiadores del cine lo consideran un pilar fundamental en la evolución de la historia de la animación.

Este es el hito técnico más unánimemente alabado por los expertos. Antes de 1933, si dos personajes idénticos aparecían en pantalla, se movían y actuaban igual. En este corto, los animadores (liderados por leyendas como Art Babbitt, Dick Lundy y Norm Ferguson) lograron que tres cerditos con la misma silueta redonda expresaran tres personalidades completamente distintas a través de su lenguaje corporal: la ligereza descuidada de Flautista, la timidez alegre de Violinista y la firmeza madura de Práctico. La crítica lo define como el momento en que los dibujos animados adquirieron alma real.

Historiadores del cine analizan el impacto sociológico sin precedentes que tuvo el corto. Estrenado en el peor momento de la crisis económica en Estados Unidos, el público adoptó al Lobo Feroz como una vívida metáfora de la pobreza, el desempleo y el hambre (la crisis que llamaba a la puerta). El Cerdito Práctico, con su esfuerzo y su casa de ladrillo, representaba el ideal del trabajo duro y la previsión promovidos por el New Deal del presidente Roosevelt.

La canción «¿Quién teme al lobo feroz?» (Who’s Afraid of the Big Bad Wolf?) compuesta por Frank Churchill se convirtió en un himno de resistencia nacional frente a la crisis [1.1, 1.3]. Los analistas destacan la perfecta simbiosis entre el ritmo de los personajes y la música, siendo un ejemplo perfecto de estructura narrativa donde las canciones no interrumpen la acción, sino que la hacen avanzar.

Al igual que otras obras de los años 30, las revisiones contemporáneas señalan elementos problemáticos que no han envejecido bien. En el metraje original, el Lobo Feroz se disfraza de un estereotipado vendedor ambulante judío para intentar engañar a los cerditos. Aunque en las copias modernas para formatos domésticos y televisión Disney redibujó y re-dobló esa escena para convertir al lobo en un repartidor de cepillos genérico, la crítica histórica sigue recordando este gag como un reflejo de los prejuicios casuales de la época.

Algunos analistas de la animación clásica apuntan que, mirado con ojos modernos, el desarrollo de la fábula es sumamente simple y lineal. No obstante, los mismos críticos conceden que esta sencillez era necesaria para asentar las bases pedagógicas del cine de animación infantil que el estudio estaba inventando en ese preciso momento.

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