Árboles y flores

Sinfonías Tontas 29 (1932)

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Valoraciones

Árboles y flores (Flowers and Trees, 1932), dirigido por Burt Gillett y con música de Bert Lewis y Frank Churchill, es uno de los hitos más revolucionarios y trascendentales no solo de la serie Silly Symphonies, sino de toda la historia del cine mundial. Originalmente filmado y casi finalizado en blanco y negro, Walt Disney tomó la audaz decisión financiera de desechar ese metraje para rehacerlo por completo utilizando el novedoso proceso de Technicolor de tres tiras (a todo color). El riesgo mereció la pena: el cortometraje maravilló al público, salvó económicamente la serie y se alzó históricamente con el primer Premio Óscar de la Academia otorgado a un cortometraje de animación en 1932.

Los historiadores cinematográficos coinciden en que este corto redefinió los estándares de la industria de la noche a la mañana. Portales de crítica como Simbasible destacan que el Technicolor no se aplicó como un mero truco decorativo, sino con una intención narrativa y psicológica radical. El verde brillante del bosque primaveral transmite vitalidad, el amarillo y rojo abrasador del incendio generan pánico, y el posterior renacer en tonos pastel evoca alivio. Hizo que los dibujos en blanco y negro de la competencia parecieran instantáneamente obsoletos.

Los analistas alaban la inmensa creatividad para dotar de alma, anatomía y expresividad a la flora del bosque. Los árboles que estiran sus raíces como piernas para danzar, las setas que actúan como bailarinas de ballet y las flores que se acicalan usando gotas de rocío como espejos demostraron una asombrosa evolución en el concepto de «fantasía orgánica».

El tramo final del cortometraje, centrado en el incendio forestal provocado por el celoso y decrépito tocón de árbol muerto, es unánimemente elogiado por su fuerza dramática. La perfecta sincronización de las llamas danzantes al compás de la pieza clásica Una noche en el Monte Pelado de Modest Músorgski dotó a la animación de una escala épica, operística y amenazante nunca antes vista.

En reseñas retrospectivas de plataformas como Letterboxd o IMDb, los críticos contemporáneos señalan que, si se le despoja de su inmenso valor histórico y tecnológico, el guion es sumamente simple, plano y plagado de clichés. La narrativa se reduce al esquema más básico del melodrama decimonónico: dos jóvenes amantes perfectos e inocentes acosados por un villano grotesco y amargado, resolviéndose el conflicto sin ningún tipo de sorpresa o doble lectura argumental.

Algunos expertos en animación clásica apuntan que la primera mitad del corto abusa de la estructura de «revista musical musicalizada», donde los personajes se limitan a rebotar, estirarse y bailar al ritmo de la música sin que ocurra nada relevante para la trama. Es una inercia cómica heredada de los años 20 que ralentiza el ritmo general del relato antes de que comience el verdadero conflicto con el fuego.

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